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San Teófilo de Antioquía - 13 de Octubre Destacado

San Teófilo de Antioquía - 13 de Octubre

San Teófilo de Antioquía (siglo II)

Fue obispo de Antioquía bajo Marco Aurelio. Era un pagano converso, de formación griega y vasta cultura.

13 de Octubre

(+ 180?)

Fue obispo de Antioquía, el sexto después de San Pedro. Es el único de los apologistas que estuvieron revestidos del carácter episcopal, y en una sede tan importante por su antigua tradición.

De Teófilo sólo se conservan los tres libros “A Autólico”, escritos hacia el año 180, que son una apología en defensa de los cristianos, cuya sangre seguía corriendo en sucesivas persecuciones.

Quizá Autólico no sea un personaje real, un pagano que tenía necesidad de ser instruido; encarna más bien a un tipo de pagano que no debía de ser raro a finales del siglo II: un hombre culto, que reconocía en bastantes cristianos a otros hombres cultos como él, pero a quien parecía demasiado simple la doctrina de Cristo.

En plena persecución, Teófilo se atreve a llamar menesterosos y ciegos voluntarios a los escritores ateos, y les dice:

“Comenzad por curar los ojos de vuestra alma cambiando de conducta y entonces veréis más claras las cosas invisibles. Vuestra estupidez, como en otros tiempos la mía, disminuirá entonces y Dios os dará la misma gracia que me concedió a mí: la de revelarse a vosotros”.


Reproducimos algunos magníficos textos del Libro a Autólico:

 

(San Teófilo, también en el siglo II, manifiesta con claridad cómo los cristianos –que procuran ser ciudadanos virtuosos- nunca aceptarán el culto al Emperador, pero siempre rezarán por él…)

 

Yo honraré al emperador, pero no lo adoraré; rezaré, sin embargo, por él. Yo adoro al Dios verdadero y único por quien sé que el soberano fue hecho. Y entonces podrías preguntarme: ¿Y por qué, pues, no adoras al emperador? El emperador, por su naturaleza, debe ser honrado con legítima deferencia, no adorado. El no es Dios, sino un hombre al quien Dios ha puesto no para que sea adorado, sino para que ejerza la justicia en la tierra. El gobierno del Estado le ha sido confiado de algún modo por Dios. Y así como el emperador no puede tolerar que su título sea llevado por cuantos le están subordinados –nadie, en efecto, puede ser llamado emperador-, de la misma manera nadie puede ser adorado excepto Dios. El soberano por lo tanto debe ser honrado con sentimientos de reverencia; hay que prestarle obediencia y rezar por él. Así se cumple la voluntad de Dios. (SAN TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Libros a Autólico 2, 24-27)

 

 

Por mi parte, confieso que soy cristiano, y llevo este nombre, grato a Dios, con la esperanza de ser útil para el mismo Dios. (…)

Pues si tú me dices: «Muéstrame a tu Dios», yo te replicaría: «Muéstrame tú a tu hombre, y yo te mostraré a mi Dios». Muéstrame, en efecto, unos ojos de tu alma que vean y unos oídos de tu corazón que oigan. Porque a la manera que quienes ven con los ojos del cuerpo, por ellos perciben las cosas de la vida y de la tierra, y disciernen juntamente sus diferencias, por ejemplo, entre la luz y la obscuridad, entre lo blanco y lo negro, entre la mala o buena figura, entre lo que tiene ritmo y medida y lo que no lo tiene, entre lo desmesurado y lo truncado; y lo mismo se puede decir respecto a los oídos: sonidos agudos, bajos y suaves; tal sucede con los oídos del corazón y los ojos del alma en cuanto a su poder de ver a Dios. (SAN TEOFILO DE ANTIOQUÍA, Primer discurso a Autólico, I, 1, 2)

La luz debe estar bien alta para que ilumine a los demás; no debajo del celemín, es decir, de la gula, ni debajo de la cama, o del ocio, porque nadie que se entregue a la gula y al ocio puede ser luz para los demás. (SAN TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Primer discurso a Autólico, 2, 9)

Cualquiera que se encuentre fiel y prudente, presida la familia del Señor para darle la medida de trigo en todo tiempo, ya por medio de la predicación con la que el alma se alimenta, ya por medio del buen ejemplo, por el que la vida se endereza. (SAN TEOFILO DE ANTIOQUÍA, Primer discurso a Autólico, 6, 18)

Mas tú no crees que los muertos resuciten. Cuando suceda, tendrás que creerlo, quieras o no quieras, y tu fe se contará entonces como infidelidad, si no crees ahora. Mas, ¿por qué no crees? ¿O es que no sabes que la fe va delante de todas las cosas? Pues, ¿qué labrador puede cosechar, si primero no confía la semilla a la tierra? ¿O quién puede atravesar el mar, si primero no se confía a la embarcación y al piloto? ¿Qué enfermo puede curarse, si primero no se confía al médico? ¿Qué arte o ciencia puede nadie aprender, si primero no se entrega y confía al maestro? Si, pues, el labrador cree en la tierra, el navegante en el navío, el enfermo en el médico, ¿tú no quieres confiarte a ti mismo a Dios, de quien tan grandes prendas has recibido? La primera es haberte sacado de la nada al ser. Porque si hubo momento en que ni tu padre ni tu madre existían, mucho menos existías tú. Y te plasmó de una sustancia húmeda y pequeña y de una gota mínima que tampoco existía antes, y finalmente te introdujo en este mundo. (SAN TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Primer libro a Autólico, 5-8)

Conviene mucho que el favorecido tenga agradecimiento y dé las gracias, aunque el bienhechor no tenga necesidad de ello.   (SAN TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Libro a Autólico, I, 2, 7)

 Del libro:
ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Gabriel Larrauri (Ed. Planeta)

 

 

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