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6 de Diciembre: "María, refugio y fortaleza nuestra" - Novena a la Inmaculada (día 7º) Destacado

6 de Diciembre: "María, refugio y fortaleza nuestra" - Novena a la Inmaculada (día 7º)

6 de Diciembre: "María, refugio y fortaleza nuestra" - Novena a la Inmaculada (día 7º)

Cristo confía a su Madre todos los hombres

En el escándalo del Sacrificio de la Cruz, Santa María estaba presente, oyendo con tristeza a los que pasaban por allí, y blasfemaban meneando la cabeza y gritando: ¡Tú, que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo!; si eres el hijo de Dios, desciende de la Cruz. Nuestra Señora escuchaba las palabras de su Hijo, uniéndose a su dolor: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Qué podía hacer Ella?
 
Fundirse con el amor redentor de su Hijo, ofrecer al Padre el dolor inmenso —como una espada afilada— que traspasaba su Corazón puro. De nuevo Jesús se siente confortado, con esa presencia discreta y amorosa de su Madre. No grita María, no corre de un lado a otro. Stabat: está en pie, junto al Hijo. Es entonces cuando Jesús la mira, dirigiendo después la vista a Juan. Y exclama: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dice al discípulo: ahí tienes a tu Madre. En Juan, Cristo confía a su Madre todos los hombres y especialmente sus discípulos: los que habían de creer en El.
 

Admira la reciedumbre de Santa María

Felix culpa , canta la Iglesia, feliz culpa, porque ha alcanzado tener tal y tan grande Redentor. Feliz culpa, podemos añadir también, que nos ha merecido recibir por Madre a Santa María. Ya estamos seguros, ya nada debe preocuparnos: porque Nuestra Señora, coronada Reina de cielos y tierra, es la omnipotencia suplicante delante de Dios. Jesús no puede negar nada a María, ni tampoco a nosotros, hijos de su misma Madre.
 
Admira la reciedumbre de Santa María: al pie de la Cruz, con el mayor dolor humano —no hay dolor como su dolor—, llena de fortaleza. —Y pídele de esa reciedumbre, para que sepas también estar junto a la Cruz. No admitas el desaliento en tu apostolado. No fracasaste, como tampoco Cristo fracasó en la Cruz. ¡Ánimo!... Continúa contra corriente, protegido por el Corazón Materno y Purísimo de la Señora:
Sancta Maria, refugium nostrum et virtus! , eres mi refugio y mi fortaleza. Tranquilo. Sereno... Dios tiene muy pocos amigos en la tierra.
 
No desees salir de este mundo. No rehúyas el peso de los días, aunque a veces se nos hagan muy largos. Piensa que Dios te quiere contento y que, si tú pones de tu parte lo que puedes, serás feliz, muy feliz, felicísimo, aunque en ningún momento te falte la Cruz. Pero esa Cruz ya no es un patíbulo, sino el trono desde el que reina Cristo. Y a su lado, su Madre, Madre nuestra también. La Virgen Santa te alcanzará la fortaleza que necesitas para marchar con decisión tras los pasos de su Hijo.
 
Amigos de Dios, 288
Camino, 508 ;Via Crucis, XIII estación
 
 

ORACIÓN

 
Di: Madre mía —tuya, porque eres suyo por
muchos títulos—, que tu amor me ate a la Cruz
de tu Hijo: que no me falte la Fe, ni la valentía,
ni la audacia, para cumplir la voluntad de
nuestro Jesús.
 
Camino, 497
 

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